Economía para Sacerdotes (2): La Escasez (continuada…)

*Artículo escrito por Cecilia Vásquez Ger, para el Instituto Acton para el Estudio de la Libertad, la Religión y la Economía de Argentina

¿Qué podemos decir de la escasez que no esté dicho?
Pues trataremos de decir lo dicho de nuevo, ya que parece que lo dicho no se comprendió, y no sólo eso; lo que se comprende es al revés de lo que es. Así que el trabajo de difusión parece siempre llevarnos al punto de partida, uno no superado.
Nos gustaría agregar al mejor estilo Bastiat sobre “lo que se ve y lo que no se ve”, que el problema de la escasez está en esa parte de la realidad que cuesta ver por no decir “que no se ve”.  Sin embargo es allí a donde hay que volver una y otra vez si se quiere comprender los  fundamentos de la Economía, y aprender de sus posibilidades y  restricciones. Desde esa realidad, debemos pensar lo posible y lo sustentable. La escasez es uno de las cuestiones fundamentales de la Economía y más aún, de ella nace el problema económico. Se la suele explicar como aquella situación que surge cuando, dada una relación entre medios y fines, estos resultan ser cuantitativamente más que los aquellos: de allí surge que esos medios son “escasos”. Se sigue que la Economía como ciencia se ocupará de estudiar esa asignación eficiente de los recursos escasos entre los fines múltiples, dando origen así al “proceso de economización”.
La escasez así planteada, parece casi un fenómeno objetivo, que existe per se, a partir de relaciones dadas de medios a fines. Sin embargo esto es justamente como no ocurre en la realidad y como no se la debe pensar. Hacerlo trae la consecuencia de desvincularla de la realidad que la genera: el hombre quien a través de un proceso de valoración de medios y fines, decide cómo asignarlos de acuerdo a su subjetiva escala de necesidades que quiere alcanzar. Esa desvinculación habilita a una nada deseada “ingeniería social” que presupone saber cuáles sean las prioridades que los miembros de una sociedad quieran satisfacer, y decide entonces orientar los recursos en esa dirección.
La escasez es un fenómeno subjetivo porque emerge en un contexto donde el hombre que actúa, descubre un horizonte infinito de fines para su vida, fines que expresan necesidades insatisfechas. A la vez, descubre que sólo cuenta con un  horizonte finito de recursos, esto es, medios limitados para alcanzar los fines deseados. Es precisamente de esa situación donde nace el proceso de economización. Es la persona quien subjetiviza los fines y los medios. Es importante mencionar que este análisis nada dice del contenido de esos fines; sólo decimos de su existencia como categorías propias de la acción humana.
Por lo dicho es que el fenómeno de la escasez es propio a la naturaleza humana, es esencialmente antropológico pues nace  de la relación entre el mundo interno del hombre con el mundo  externo. Y por ello, la escasez nos acompañará siempre.
Pero además, la acción del hombre en el mundo es “temporal”, transcurre en el tiempo necesariamente, y por lo tanto, este es un recurso implacable que recuerda lo implacable de la escasez: el hombre ha de elegir cómo usar cada minuto de su tiempo, y cada elección implicará una opción no elegida. Ese es el verdadero costo de cada elección, aquello a lo que se renuncia en primer instancia, pero a su vez, cada vez que se elige una opción, se debe tener conciencia que necesariamente se desechan otras. Y así como esto ocurre en la vida personal, también en la vida social. La lección es la que enseñamos a nuestros hijos de pequeños: “no se puede todo, o una cosa o la otra”. Quienes nos han enseñado que es posible eliminar la escasez y que se pueden ambas cosas, sencillamente mienten. Y quienes esto exigen, es porque no comprenden qué es la escasez.
La escasez obliga a la economización de los recursos y aspira a que esa economización se convierta en una “asignación correcta”. Sin embargo, dada la misma naturaleza humana, el hombre sólo puede optar lo mejor posible, siendo su misma naturaleza una restricción: no disponemos de todo el conocimiento necesario para que cada opción sea perfecta en término de adecuar medios a fines. En realidad lo que ocurre es una exploración por parte de la inteligencia humana que busca descubrir cuál sea ese conocimiento relevante para que medios y fines se adecúen lo mejor posible. Nos encontramos con un problema conocomitante al de la escasez: “la dispersión del conocimiento”, con lo cual, nuestro problema económico incorpora una variable que lo vuelve aún más complejo: no será sólo la escasez sino la división del conocimiento en la sociedad, entre todos y cada uno de sus miembros de donde debemos empezar a entender el proceso económico.
Y dicho todo esto, cómo podemos explicar esa “fatal arrogancia” de aquellos que pretenden manejar la información y usarla violentando el más elemental proceso de valoración social. Dejaremos este tema para más adelante. Ahora sólo quedémonos con las siguientes observaciones:
Existe una relación entre pobreza y escasez
Pero la causa de la pobreza no es la escasez
La causa de la pobreza es no conocer y por tanto no respetar la naturaleza de la escasez.
Un fenómeno que se plasma en un sano proceso de mercado y encuentra en él su solución
Solución que no implica eliminación, pero sí superación
La escasez es una cuestión social y por tanto tiene fuertes consecuencias en la cultura, fenómeno social por excelencia.
No comprenderla, no sólo aumenta la pobreza, altera y violenta infinidad de pautas culturales, de valores personales y sociales, esos sobre los que finalmente se construyen una sociedad.

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