La Complejidad de la “Justicia Social”

Artículo original por el Rev. Robert A. Sirico disponible aquí. (traducido por Juan Callejas)

Una columna escrita por Anthony M. Stevens-Arroyo, un columnista católico del Washington Post, asegura que “la justicia social católica exige la redistribución de la riqueza”.  El continúa diciendo que “no puede haber desacuerdo” en que los sindicatos, el gobierno y las caridades privadas deben todas jugar un papel en luchar contra la tendencia que ha “concentrado” el dinero en las manos de pocos.  Al conjeturar esto, Stevens-Arroyo confunde los fines con sus potenciales medios.

Lo que Stevens-Arroyo promueve es una visión atenuada y truncada de “justicia social” que ha incentivado mucha injusticia en el mundo. Este camino, debería saber él, ha sido repudiado de manera decisiva por la Iglesia.

El autor también traiciona una extraña separación de pensamiento común a aquellos a aquellos en la izquierda religiosa, quienes de manera impulsiva denuncian la motivación por el lucro y el “comercialismo”. Sin embargo, ellos parecen pensar que la clave de la felicidad  es darle a la gente más “chunches” a través del uso del poder coercitivo del gobierno. Eso no es justicia social…eso es materialismo.

Un amigo y colega, Arthur Brooks, un investigador social quien ahora es presidente del American Enterprise Institute, ha demostrado que lo que hace a las personas realmente felices es un sistema que “facilita el éxito alcanzado entre sus ciudadanos y que no crea incentivos contrarios a alcanzar algo o que destruye la ambición.” Esta es la economía de mercado.

El crecimiento tan increíble de economías en lugares como China e India no está sucediendo porque la riqueza está siendo movida de un lado al otro, sino porque está siendo creada.

Lo que sucede cuándo la riqueza es “redistribuida” es ahora algo obvio.  Estamos viendo el desastre ahora en Europa del “estado benefactor”.

En su encíclica de 1991 “Centesimus Annus”, el Papa Juan Pablo II nos advirtió de que un estado hinchado “nos lleva a la pérdida de energías humanas y un crecimiento desordenado en las agencias públicas, que están dominadas por pensamientos burocráticos en lugar de una preocupación por atender a sus clientes, y que están acompañadas por crecimientos enormes de gasto.” Profético.

Es importante tener claro que la Iglesia condena en su enseñanza la idolatría del dinero y los bienes materiales.

La Iglesia plantea otro camino que no condena las actividades de mercado ni las exalta más allá de su lugar apropiado dentro del contexto de la gran historia. La Iglesia nos pide trabajar por un bien más alto y contribuir de la manera que cada uno pueda con su tiempo, talentos el Tesoro que hayamos Ganado para mejorar el mundo.  La Iglesia también exige que construyamos sistemas justos de intercambio que permiten que los pobres sean agentes de su propio desarrollo.

Les propongo nos deshagamos de esas ideas falsas de lo que constituye el entendimiento de la Iglesia acerca de la justicia social.

Un sistema que contrapone a quienes tienen contra los que no tienen, con políticos y burócratas que sirven de árbitros, debe ser rechazado por cualquiera interesado en construir un orden social justo.

Este artículo apareció originalmente en el Detroit News.

El Rev. Robert A. Sirico es el presidente del Acton Institute for the Study of Religion and Liberty en Grand Rapids, Michigan.

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