ELOGIO DE LA ACTIVIDAD EMPRESARIA: UNA NUEVA “NOTA” DE LA COMISIÓN PONTIFICIA JUSTICIA & PAZ

Por Sam Gregg[1][2]

30 de marzo de 2012

Fuente: http://www.nationalreview.com/corner/294949/praise-business-new-note-justice-and-peace-samuel-gregg

 

Cuando el Consejo Pontificio Justicia y Paz publicó el año pasado la Nota sobre la reforma del sistema financiero internacional[2][3], sería un eufemismo decir que se produjo simplemente un caluroso debate. En el día de hoy, el mismo presidente del Consejo, Cardenal Peter Turskon, ha dado a concer una nueva –y muy diferente– Nota titulada La vocación del líder empresario cristiano[3][4], en una conferencia en Lyon, Francia.

A pesar de que no se escatiman esfuerzos en criticar muchos aspectos de la actividad económico-comercial contemporánea –en efecto, existen muchos elementos para criticar–, la Nota articula una extensa, profunda y positiva reflexión acerca de la naturaleza y fines de la actividad comercial (business). Tal vez sea la primera vez en la historia de la Iglesia Católica en que un documento de este tipo sale de un órgano de la curia romana.

A diferencia de la Nota de octubre de 2011, este nuevo documento se abstiene de ofrecer grandes teorías sobre la naturaleza del desarrollo económico ocurrido a lo largo del siglo XX. La Nota tampoco es susceptible de caer víctima de juicios absurdos, como que la Iglesia se ubicara “a la izquierda de Nancy Pelosi[4][5] en temas económicos. Por el contrario, el análisis del sentido vital de un líder empresarial que ofrece el texto se apoya en una sofisticada comprensión y aplicación de los principios de la enseñanza moral y social católica. Refleja además el trasfondo de una sólida argumentación de ley natural acerca de lo que Benedicto XVI ha denominado “desarrollo humano integral”, y reconoce además la amplia diversidad de formas que presentan los proyectos empresariales en la economía moderna. En ese sentido, la Nota refleja un muy bienvenido (y más que oportuno) método de análisis de la vida empresarial elaborado “de abajo hacia arriba” (bottom-up) en lugar de los típicos análisis “de arriba hacia abajo” (top-down).

¿Cuáles son algunos de los temas o puntos centrales de este documento?

El primero es que la actividad comercial no es un mal necesario o una actividad meramente instrumental que estuviera en la lógica medios-fines. La actividad comercial (business), afirma la Nota, es una auténtica vocación. Se trata de “una vocación cristiana genuina”, es una llamada de Dios y, por lo tanto, una oportunidad de embarcarse en un compromiso vital en el que se pueda realizar un auténtico desarrollo humano. Hasta ahora, este punto había sido señalado de modo algo indirecto por varios pontífices. Sin embargo, nunca antes un texto de la Curia había desarrollado con tanto detalle la potencial nobleza que podía exhibir la vida de un líder empresarial. La Nota también afirma que los negocios ofrecen “una irremplazable contribución material e incluso espiritual en la promoción del bienestar de la humanidad”. Se trata de un lenguaje muy contundente. No sólo los negocios (business) constituyen el medio normativo por medio del cual muchas de nuestras necesidades materiales y legítimos deseos pueden ser satisfechas sino que son también una esfera vital en la que las personas pueden adquirir y consolidar virtudes.

Un segundo aspecto importante que señala la nota es la necesidad que tenemos de elaborar una ponderada apreciación de los desafíos y oportunidades que enfrentan los líderes empresariales en la actualidad. La Nota reconoce, por ejemplo, que existen dimensiones positivas y negativas respecto de la financiarización de buena parte de la economía contemporánea. Esto junto con otras posibilidades presentes en la economía contemporánea hace que los empresarios enfrenten, frecuentemente y de un modo casi a diario, enormes dificultades éticas y económicas; por lo que las decisiones que deben tomar no resultan algo fácil. Si bien el documento establece claramente que el Estado tiene un rol que asumir a la hora de abordar estos asuntos, sabiamente se abstiene de introducirse en recomendaciones detalladas respecto de las políticas concretas que los gobiernos deberían implementar en estas áreas. En su lugar, la Nota indica que en muchos casos la responsabilidad primaria e incluso decisiva respecto de cómo afrontar estos desafíos recae en los propios empresarios.

En tercer lugar, la Nota reconoce que la mayor parte de la actividad comercial se produce a nivel microeconómico. Por ende, en lugar de exponer una serie de amplias recomendaciones de tipo macroeconómico, que suelen estar bastante alejadas de actuar cotidiano de la mayoría de los emprendedores y líderes empresarios, la nota se centra en ayudar a los empresarios a discernir, aceptar y vivir su vocación con fe, mediante la puesta en obra de los talentos y dones únicos que han recibido para satisfacer las necesidades de los demás, a través de medios justos y abiertos a otras posibilidades del desarrollo humano.

Cuarto, la Nota contiene un poderoso llamado a los líderes del mundo de la empresa a encarnar la unidad de vida. Todos nosotros –aunque tal vez es algo que amenaza especialmente a las personas vinculadas al mundo de los negocios– estamos tentados de vivir existencias fragmentadas en donde dejamos que nuestra vida profesional esté disociada de nuestras convicciones morales y creencias religiosas. En este sentido, la Nota ofrece de una manera fresca y convincente algunas indicaciones sobre cómo pueden los empresarios integrar libremente los principios de solidaridad y subsidiariedad en las prácticas cotidianas de sus empresas, sean estas grandes o pequeñas.

En quinto lugar, la nota subraya que el relativismo y el utilitarismo, que desfiguran muchos ámbitos de la cultura contemporánea, constituyen una amenaza dramática y peligrosa para el desarrollo y consolidación de la vocación empresaria. Un ejemplo claro de esto se observa en la amplia influencia que ejerce en el campo de la reflexión ética, el consecuencialismo[5][6], que en rigor constituye todo un contrasentido aunque se encuentre presente en muchos programas de “ética empresarial” –y que goza de amplia difusión incluso en muchos centros educativos de orientación católica–, y que socava y corroe la capacidad de razonar y argumentar coherentemente de muchos jóvenes futuros empresarios.

Finalmente, la sexta característica que cabe destacar es la insistencia con la que la Nota menciona ideas como la de “creatividad” e “iniciativa”, y que se encuentran presentes a lo largo de todo el texto. En un sentido, esto refleja un principio clásico del pensamiento cristiano: un elemento específico que distingue la condición humana respecto de cualquier otra especie viviente –y que nos hace ser ‘a imagen de Dios’– es nuestra capacidad creatividad. Al mismo tiempo, esto se deriva del reconocimiento que hace el Consejo Pontificio de una verdad que se hace evidente cuando uno habla con verdaderos emprendedores: ellos “suelen actuar motivados por mucho más que el mero éxito personal en las finanzas, el autointerés egoísta o una noción abstracta del contrato social, al modo como frecuentemente se prescribe en la literatura económica y en los manuales de negocios”.

Pero tal vez el mensaje de mayor calado que pueda tomarse de esta Nota se encuentra expresado de modo indirecto. Es el reconocimiento fáctico de que muchos líderes católicos no siempre han tomado el mundo de los negocios en serio, han tendido a considerarlo simplemente como una especie de fuente de recursos para financiar proyectos eclesiásticos en lugar de entenderlo como una genuina esfera de desarrollo vocacional del ser humano. De hecho, la nota llega incluso a reconocer que los líderes empresariales han sufrido en más de una ocasión “una cultura cívica o eclesiástica hostil hacia el espíritu emprendedor, en cualquiera de sus formas”. Resulta difícil interpretar esto de otro modo que no sea sino como una condena a la actitud esencialmente condescendiente que muchas veces adoptó una parte del clero. Es una buena señal que esta Nota represente, por parte del Consejo Pontificio, un claro rechazo de ese tipo de mentalidad –algo que no sólo beneficiará al mundo de la empresa sino a la Iglesia Católica en su conjunto.


[1][2] El autor es Director of Research del Acton Institute. Es autor de varias, entra las que destecan: On Ordered Liberty, The Commercial Society, Wilhelm Röpke’s Political Economy y, de próxima publicación, Becoming Europe: Economic Decline, Culture, and America’s Future.

[4][5] N. del T.: El autor se refiere a las polémicas opiniones vertidas por Fr. Thomas Reese (sacerdote católico) en diversos medios (National Post y National Public Radio, USA), con motivo de la publicación de la Nota del Consejo Jusitcia & Paz, de octubre 2011: “But when it comes to economic justice, Pope Benedict XVI is to the left of President Obama. Heck, he is even to the left of Nancy Pelosi”.

http://www.npr.org/2011/10/26/141659992/occupy-wall-streets-most-unlikely-ally-the-pope; http://life.nationalpost.com/2011/10/21/vaticans-economic-statement-will-be-way-to-the-left-of-wall-street-financiers/.

[5][6] N. del T.: Para una crítica al consecuencialismo como doctrina ética, se pueden consultar: Spaemann, Robert, Felicidad y benevolencia, Madrid, Rialp, 1991, pp. 182-198; Spaemann, Robert, Ética, Política y Cristianismo, 2ª ed., Madrid, Palabra, 2008, pp. 233-241 y Carrasco, M. Alejandra, Consecuencialismo. Por qué no, Pamplona, Eunsa, 1999.

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