Influencers y la Verdad


shutterstock_292452563Es una realidad del mercadeo moderno que la utilización de los medios de comunicación digitales están ocupando cada vez más un lugar más importante en la estrategia y presupuesto de comunicación y mercadeo de muchas marcas.  Para las empresas pequeñas y medianas, el mercadeo digital a través de redes sociales se ha convertido en una alternativa donde la ecuación de valor por dinero es mucho más beneficiosa y donde los resultados tienden a ser más fáciles de medir.

Paralelo a y a la vez, íntimamente relacionado a la evolución de los medios digitales de comunicación, está la cultura y culto a la celebridad.  No debería sorprendernos la facilidad con la que en la actualidad se construyen plataformas personales a través de blogs, videos y video blogs, fanpages y Twitter.  Esto ha permitido la proliferación de expertos en distintos temas y el desarrollo de nuevas profesiones como los “coaches de vida”, periodistas alternativos, evaluadores de productos y marcas, etc.

De esta cuenta, destacan lo que hoy en día se conoce como los “influencers” o personas que a través de sus plataformas personales montadas sobre medios digitales de comunicación han generado suficiente masa crítica de seguidores que ahora les permite influir no solo en temas de opinión pública, consejos para la vida diaria o en temas culturales y religiosos, sino también tiene el potencial de incidir en decisiones de compra y consumo.

En sí mismo, la intención del uso de “influencers” (quienes venden a las distintas marcas sus tweets, fotos en Instagram, publicaciones en Facebook, Snapchat y demás plataformas) es poder acercar al consumidor final los productos a través de la experiencia testimonial de un usuario que por su posición mediática y/o área de experiencia, puede brindar una opinión creíble que incentive la decisión de compra.

Sin embargo, es en este ámbito de acción en donde las empresas y los “influencers” deben asumir un sólido compromiso con la verdad y la ética. Por ser un tipo de mercadeo basado en experiencias teóricamente reales con los productos y las marcas, la comunicación que se genere por parte de estos nuevos comunicadores y “embajadores” de marca debe ser siempre creativa, honesta y genuina.  No se trata de simplemente “product placement” a través de fotos o videos donde se hace el intento de que “casualmente” un producto o servicio aparezca en las imágenes.  He visto en casos guatemaltecos una sobre-exposición y casi explotación incluso de los hijos e hijas de estas personas en fotos montadas que destruyen el espíritu de comunicación genuina, espontánea y apegada a la realidad del uso de los productos y servicios.  El día de hoy, por ejemplo, en un tweet, una “influencer” local, al promocionar una marca de ropa, afirmaba que lo que hace “no es publicidad, sino promueve un estilo de vida”.  Eso es deshonesto y mina la credibilidad de este nuevo medio publicitario y mercadológico del que se busca echar mano.

Las bases de la influencia, con la que se busca construir confianza y credibilidad en un producto, servicio y/o marca, deben ser siempre la honestidad y la transparencia.  Admitir que el trabajo que se realiza es publicitario es ser honesto, y esa honestidad genera credibilidad sustentable en el largo plazo.

Aunque los medios mercadológicos y la tecnología han cambiado y siguen cambiando, los principios que sustentan la publicidad y el mercadeo se mantienen siempre: la ética, la honestidad y la creatividad.  Es posible construir campañas aún con “influencers”  que comuniquen un producto, servicio y/o marca de una manera buena, bella y verdadera.  El verdadero desafío creativo está en encontrar los caminos de comunicación para lograrlo.

Me quedo con la aspiración plasmada en el slogan de la agencia británica de publicidad que fue líder en lols 70’s y 80’s, McCann Erickson y que permanece al día de hoy“La verdad bien dicha.” A mi criterio, es un noble ideal que hemos de perseguir quienes trabajamos en este ramo.

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Es cuestión de clase….solo no la que pensabamos….


Las personas de clase alta tienen mayor tendencia a mostrar comportamientos poco éticos, engañar, hacer trampas, timar, comerse un caramelo destinado a otros, o mentir para enriquecerse aún más, según un estudio de la Universidad de California, Berkeley, que publica la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). 

Así comienza un artículo publicado hoy en MUY INTERESANTE.  Si estamos leyendo este artículo en una computadora, tablet o teléfono, definitivamente calificamos en esa privilegiada minoría que tiene acceso a esta información, que puede leerla y que de acuerdo al estudio, es propensa a esto.

Si bien es cierto, tanto el pobre como el rico, cualquier persona, es pecadora y propensa al pecado (por naturaleza y opción propia), preocupa el impacto y las consecuencias que tiene el pecado cuándo está dotado de recursos a los que no todos tienen acceso.  Esta conducta no se corrige con cursos y libros de liderazgo, gestión, management, ética, marketing o cualquier conferencia de John Maxwell que se nos ocurra.

El pecado es una cuestión del corazón, y es sólo en el corazón que se corrige y es sólo por el Evangelio que se corrige.  Ser empresario “cristiano” significa que hacemos negocios reconociendo que hay pecado en nosotros, que hay pecado alrededor nuestro y que por eso necesitamos a Jesús, necesitamos la Cruz para matar el pecado y necesitamos el empoderamiento del Espíritu Santo para caminar en esa Gracia que nos santifica y nos ayudará a poner fin a esas acciones que en el contexto empresarial y con el poder de los recursos con los que disponemos, pueden dañar a mucha gente, pero sobre todo, ser una afrenta al nombre del Señor, nombre que proclamamos seguir y reclamamos como nuestro.

No dejemos que la ética objetivista y Randiana nos absorba:

Busquemos y demos batalla por la virtud, la verdad y la libertad genuina que sirve a los demás, glorifica a Dios y genera riqueza material para todos. ¿Le entramos?

Honestidad


La honestidad es un valor atribuible a una persona, si buscamos el significado de honesto en el diccionario encontramos “Decente o decoroso, recatado, pudoroso, razonable, justo, probo, recto, honrado”,  sin embargo encontrar hoy en día personas bajo ese concepto es muy difícil, es mas me atrevería a decir que en los diferentes círculos donde nos movamos, ya sea empresarial, profesional, político, social y hasta familiar  existe un punto de vista particular, en el cual las cosas malas no son tan malas, simplemente así son y nadie las va a cambiar; por ejemplo habrá oído usted frases como “…todos los hombres son así…” deduzca usted que significa esa frase, lo que si le puedo asegurar es que no están hablando de una persona honesta, o “…en la política así son las cosas…” también puede usted deducir que no precisamente estamos hablando de actos honestos a la luz pública, y así podemos mencionar un sin fin de hechos que ponen en evidencia una sociedad endurecida que ha echado por un lado, un valor como la honestidad. Sigue leyendo